martes, 1 de diciembre de 2009

La muerte huele a grisú


De como tres historias convergen para dar forma a una entrada o mucho brinco para caer donde mismo.

Numeral primero: No obstante que hace años me quedé con dos libros que me prestó mi hermano Reynaldo (y aún los conservo), me pesa mucho el haberle prestado yo uno de reciente adquisición y mi aflicción es porque tal ejemplar no regresó y más aún no sabe donde quedó éste.

Numeral segundo: Recordé recientemente una radionovela llamada "el ojo de vidrio"; trata de un bandido de la época Revolucionaria quien al perder un ojo suplió éste con una protesis vitrea. El recuerdo me vino porque mi sobrino Gume me platicó que al caballo de un paisano suyo (de Múzquiz)) lo había picado una víbora cuando el equino andaba pastando en el rancho y su paisano con ánimo revanchista y vengador buscó al reptil y le dió muerte con su arma, un revólver de seis tiros. Y es aquí donde las historias de ambos personajes se cruzan toda vez que aplicamos lo dicho por "el piporro" acerca del ojo de vidrio: "no tiraba con el ojo bueno porque estaba miope pero con el de vidrio miraba con aumento, un bulto bruto y no le herraba". No creo que la arrastrada lo estuviera esperando para responder por su acción y francamente dudo que a campo abierto se le pueda atinar un balazo ya no digo a un reptil sino a una calabaza "jalowinera" pero como los de Múzquiz son muy dados a magnificar sus historias pues habrá que apechugar.

El libro extraviado fue realizado con más entusiasmo que recursos monetarios por lo que solo pudo aspirar a una distribución regional perdiendose la oportunidad de dar a conocer anécdotas de personas que formaron parte de la historia de Palaú, una historia sumamente simple, sin buscarse mayores complicaciones, que éstas forman parte cotidiana de la población.

En Palau no tenemos grandes historias que contar, no fuimos colonizadores, cazadores de indígenas, grandes terratenientes, mucho menos contamos con algún coterráneo que haya ocupado la Presidencia de la República. Tenemos, eso sí, historias divertidas como la de los grandes bailes que se realizan el 11 de Julio (día del Minero) de cada año; deportivas por los triunfos del equipo "Tuzos" de beisbol; culturales por el paisano que de un pueblo tan modesto, llegó a laborar en la NASA; trágicas por los recurrentes accidentes mineros. Historias de gente común (com´uno se diría), gente que vive el presente porque el futuro queda esperando en la bocamina.

"La muerte huele a grisú", un libro que dibuja lo que fuimos y lo que somos. Un pueblo que espera.



Debemos tener muy presente ese antiguo y sabio dicho: quien presta un libro es un pendejo, pero mas pendejo es quien lo regresa.


1 comentario:

  1. Es una entrada preciosa. Me gusta el tema de los libros perdidos y daría para una entrada entera. El título del libro es magnífico y tu comentario sobre el pueblo que espera una poética reflexión.
    En cuanto a la serpiente, dudo que sin nombre y apellidos,la localizara tan rápido, pero vamos, si la gente de Múquiz es así, pues yo me lo creo.
    Y en cuanto a la gente de Paulaú, suerte que tenéis, porque la mitad de los europeos tienen un pasado bastante "oscuro" históricament. Mejor tener historias divertidas para contar.

    Un saludo

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